Durante años, seguí el camino que me tenían preparado. Estudié Ingeniería Industrial con la promesa de que, si me especializaba lo suficiente, tendría la vida solucionada.
Mi primera hostia fue la realidad pura: primero, gestionando la complejidad de la producción en una empresa cárnica con más de 1,000 trabajadores, después luchando con el caos diario como líder de tecnología en una startup tecnológica, incluso he peleado en el terreno de lo público como Concejal de Desarrollo Local e Informática.
Tengo los títulos, los cargos y la experiencia. Pero había un problema: nada de lo que me habían enseñado servía para explicar la realidad, lo que de verdad pasa en el día a día.
Me di cuenta de que nos vendieron una mentira: la hiperespecialización. Nos dijeron que para resolver un problema solo había que mirar un pequeño trozo del mapa. Pero ni el mundo ni las empresas son piezas sueltas; son un sistema vivo.
No me sentía nada cómodo cerrando puertas y jugándomelo todo a una carta, cuando delante de mí veía límites difusos, incertidumbre pura y decisiones marcadas por la intuición.
Peor eran las «recetas mágicas» de las grandes consultoras. Esos típicos PowerPoints que parecen brillantes mientras te lo presentan, pero que mueren al primer contacto con el barro del día a día. Me sentía fuera de lugar. Ese no es mi sitio en el mundo laboral.
Esa incomodidad me puso las pilas y empecé a buscar la verdad, porque algo tenía que haber que resolviese los problemas reales de las empresas. Hasta que todas las piezas encajaron cuando empecé a mirar de otra forma a las empresas.
Y no era a través de promesas imposibles o de atajos mágicos, si no viendo el terreno de la empresa como un todo.
Entendí que:
La Complejidad no es el enemigo
Es la mirada holística necesaria para entender que si tocas una palanca en el departamento A, el motor explota en el departamento Z. Que tu discurso de ventas empieza en el comercial, sigue por la forma en que facturas y termina con la interacción con el departamento de soporte.
Problem-Centric
Hay que obsesionarse con el problema real y dejarse de atajos o de proposiciones superfluas. Y buscar soluciones conjuntas al mayor problema que tenga la empresa en ese momento.
Estrategia Real
La estrategia no son deseos ni metas, sino un diagnóstico sincero y una acción concreta para superar un obstáculo específico.
El Factor Humano
Detrás de cada proceso ineficiente hay un grupo de personas cuyo incentivo es actuar de esa forma. Y eso hay que trabajar mucho para cambiarlo.
No soy un ingeniero convencional, ni un consultor de manual.
Soy alguien que ayuda a las empresas a navegar la complejidad. Uso esta forma de ver las organizaciones para ver soluciones donde otros solo ven caos, identificando los puntos clave que transforman empresas y comunidades. Porque en un mundo con cada vez más competencia e incertidumbre, es necesaria esta ayuda para conseguir que tu empresa viva tranquila por muchos años.
¿Tienes un problema?
Escríbeme sobre lo que te preocupa y nos ponemos manos a la obra.